Tuesday, May 1, 2007

LOS 144

El pasado fin de semana estuvimos de paseo en Lavrio, dos razones nos llevaron allí, una, conocer una ciudad que fue altamente industrial hace mucho tiempo; dos, y la más importante para mí, encontrar unos inmigrantes que dos días antes los habían hallado en altamar, pues su barco, viejo y destartalado, les había fallado, dejándolos a la deriva después de dos días de viaje desde Turkia. Por fortuna, éste se dañó cerca a una isla, cerca a Lavrio y los descubrieron pronto, porque sino, a lo peor ni se sabría de ellos. Pero mejor fue que los descubrieran un día en que allí estaba de misión Acnur, si no quién sabe como hubiera actuado la policía, ahora por lo menos les tomaron su petición de asilo.

Cuando llegamos a Lavrio, después de una hora larga de camino, lo primero que hicimos fue buscar a las autoridades con las que Giorgos debía encontrarse para ver cómo estaba la situación, claro, yo no podía entrar, no podía verlos, eso era un asunto oficial, no un espectáculo o una clase sobre inmigración, me quedé en frente, esperando. El lugar es un puesto de recepción de inmigrantes, la mayoría son Kurdos, por lo menos los que vi, eso me dijeron; todos hombres, ni una mujer, aunque seguro que las hay, todos en la puerta, hablando, mirando con desconfianza, sin hacer nada más que esperar a que les definan su situación, porque han solicitado asilo; ya saben, los kurdos no tienen tierra, los persiguen los unos y los otros, así que mejor para ellos arriesgar su vida y buscar otro lugar en el mundo que los acepte sin perseguirlos... para mí era como ver algo nuevo, pero a la vez conocido, no sé por qué, pero con esa escena recordé las casas donde tienen (o tenían) a los reinsertados, esa imagen seguro la han visto, pues eso fue lo que vi, aunque éstos, los de Lavrio, no han matado, ni han hecho lo que hicieron los de Medellín.

Cada vez, estaba más curiosa por saber cómo fue, quería saberlo todo, bombardeé a Giorgos con mi preguntadera hasta que por fin me dio cada detalle, por lo menos lo que podía: 144 personas, 4 de ellas hacían parte del equipo de traficantes (saben, los que cobran por sacar a la gente), el resto eran los que habían pagado por llegar a Europa, exactamente a Italia, buscando una "vida mejor"; no sé muy bien cuánto pagaron los de este barco, pero el precio que paga cada hombre, mujer o infante por salir de manera ilegal está entre los 3 y 5 mil dólares, y siempre puede ser más, este dinero, la mayoría de las veces, son los ahorros de toda una vida de una familia completa que sueña con que su hijo salga en busca de la buena suerte... Entre los 140 restantes, 16 eran turkos, el resto Irakies; había 13 mujeres y 15 niños (me alegra saber que por lo menos acá a los menores de 18 se les sigue contemplando como niños y como tal se les trata y se les aplica la ley, es decir que les dan prioridad, eso es muy importante).

Bueno, en realidad lo que conseguí de información sólo fueron datos, me hubiera gustado verlos, hablarles, pero me pregunto para qué? por curiosidad? por morbo? por qué me mueve tanto este tema? Yo lo sé, me mueve porque me inquieta saber cómo viven? qué piensan? por qué aunque saben que pueden morir, ser deportados, ser maltratados o rechazados, siguen con la idea de salir de sus tierras a otras extrañas y tal vez más agresivas? Por qué ahorran? por qué le entregan su vida a los traficantes que sólo piensan en sacar provecho de la situación? por qué occidente, una tierra tan xenofóbica, tan ensimismada, se ha convertido en objeto de deseo? No sé, la situación que se vive en este lado de la tierra, es tan trágica como la que se vive al lado de allá, de la mía, de esa ustedes ahora saben más que yo. Son muchas cosas rondando en mi cabeza.

El precio es la vida misma

Después de mis múltiples preguntas ingenuas unas, absurdas otras, y todas sin respuesta, Giorgos llevó a ver el barco y ahí la cosa fue peor, no podía imaginar como era posible que en ese barco de mierda viajaran 144 personas, di gracias al universo porque no les pasó nada, pensé que tuvieron suerte de no hundirse y deseé y deseo que su situación se resuelva y que no los deporten, porque una vez en Turkia, mejor no decir que puede pasar. Por qué? se preguntaran ustedes, esa respuesta no la tengo, por más que me expliquen que pasa más allá de Turkia mi cabeza no lo puede razonar, es algo así como tratar de entender por qué en Colombia los paras matan a la gente de la forma que lo hacen, eso no cabe en mi cabeza.

Una vez superado el desconcierto me senté a que me leyeran la prensa, y claro como siempre, 13 somalies que viajaban como ilegales en una barca y trataban de alcanzar tierra griega, fueron tirados al mar por los traficantes cuando estos se vieron en peligro de ser interceptados, esto es muy común que suceda, la gente muere ahogada porque sin piedad los tiran al mar aunque no sepan nadar, en este caso murieron 3 personas, dos niños, uno de 15 años y otro de 18 meses y un adulto, el precio acá fue mucho más que 5 mil dólares, el precio fue la vida, y como diría Jota esos ahorritos se perdieron.

PD: de la tragedia hay que reirse, eso lo aprendí con Jota y con Giorgos. Así que los que prefieren la seriedad frente al dolor, cúlpenlos a ellos (G y J) por mi ironía.



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